Quizá la mejor manera de describir a esta cinta sea diciendo que cumple. La primera gozaba de gran originalidad, como sólo las primeras entregas de una saga pueden. Sin embargo, ésta logra superar a su predecesora en cuanto a explotar el concepto se refiere. Lamentablemente, la historia deja un poco qué desear. Realmente pareciera un mero prete ... Leer más Quizá la mejor manera de describir a esta cinta sea diciendo que cumple. La primera gozaba de gran originalidad, como sólo las primeras entregas de una saga pueden. Sin embargo, ésta logra superar a su predecesora en cuanto a explotar el concepto se refiere. Lamentablemente, la historia deja un poco qué desear. Realmente pareciera un mero pretexto para llevar la acción a cinco museos distintos y con exhibiciones más variadas que sólo las cómicas figuras de cera que conocimos en la primera. Pero seamos honestos… a eso íbamos. A ver cómo cuadros famosos y esculturas de renombre cobran vida frente a nosotros y dicen y hacen cosas que quizá imaginábamos y otras que seguro no.
El elenco es de primera, con el Ben Stiller de siempre y una Amy Adams poco aprovechada, pero que entrega una gran interpretación e inspira una que otra carcajada. Hank Azaria en el papel de villano tonto, se lleva la película. Totalmente convincente en su personaje, con grandes puntadas y momentos memorables. El mayor acierto de la cinta es, sin duda, su elevadísimo nivel de producción. Como alguien que visitó el set, puedo decirles que lo que verán es nada menos que uno de los trabajos más impresionantes que ha realizado un diseñador de producción en mucho tiempo. Las copias de los museos son alarmantemente iguales a los originales y el cuidado al detalle, así como la ausencia de una continua pantalla verde se agradecen.
Tiene momentos hilarantes que los adultos pueden apreciar y en general, la cinta encantará a millones de niños. Por lo pronto, yo me quedo con el perro de globo de Jeff Koons y, tras ver la impresionante cantidad de gente que asistió a la premiere y disfrutó la cinta, también me quedo segura de que las 800 copias con las que se lanza esta cinta son una apuesta segura.
–Mary Carmen Albarrán Torres
Si te gustó el filme anterior y por la buena química que tiene Stiller con sus compañeros del Frat Pack, debes completar la colección, aunque no parece aportar más que los nuevos integrantes del reparto.
Por Olivier Fuentes.
Si hubiera que diagnosticar trastorno bipolar a alguna película, esa sería Una noche en el museo 2. No porque se sostenga en dos columnas narrativas paralelas bien definidas, una en el género de aventuras y otra en la comedia, sino porque a partir de esos soportes se derivan de manera inevitable dos series de consecuencias siempre enfrentadas. T ... Leer más Si hubiera que diagnosticar trastorno bipolar a alguna película, esa sería Una noche en el museo 2. No porque se sostenga en dos columnas narrativas paralelas bien definidas, una en el género de aventuras y otra en la comedia, sino porque a partir de esos soportes se derivan de manera inevitable dos series de consecuencias siempre enfrentadas. Tal vez hasta debiera hablarse de esquizofrenia cinematográfica.
Han pasado algunos años y Larry, el ex guardia nocturno del Museo de Nueva York, se ha convertido en un exitoso empresario del “¡llame ya!”, famoso por inventar la linterna fluorescente. Pero él extraña su viejo empleo de sereno y a sus amigos, aquellas figuras de cera que todas las noches cobran vida, gracias a una piedra mágica perteneciente a las reliquias funerarias del faraón Ahkmenrah. La novedad es que a partir de una remodelación del museo, la mayoría de estos personajes han ido a parar a los depósitos del Museo Smithsoniano, en Washington. Y desde allí, la misma noche de su traslado, le pedirán ayuda a Larry por teléfono. Considerado el museo más grande del mundo, el Smithsoniano es el ámbito ideal para esta secuela. Sin embargo, comedia y aventura comienzan a tomar distancia. Mientras los gags en general se sostienen y algunos son realmente buenos, la aventura es apenas convencional. La mera persecución de la que es objeto Larry por parte del hermanastro celoso de Ahkmenrah, por diferentes espacios del colosal museo, sólo es una excusa para disparar situaciones o simplemente mostrar con vida famosas obras de arte, entre ellas El pensador de Rodin o el cuadro Gótico americano, de Grant Wood.
Más graves parecen dos manías que, por opuestas, muestran otra vez las dos caras de esta película. Aunque la línea de la comedia sea la más sólida del film, no deja de llamar la atención que los mejores chistes sean aquellos que se presentan de forma aislada, sin mucha importancia estructural. El mejor ejemplo es el fabuloso duelo cómico que sostienen Ben Stiller y Jonah Hill, el ya famoso protagonista obeso de Supercool, que aquí interpreta a un guardia novato del Smithsoniano. Por qué la química natural que surge entre estos dos actores no es explotada a fondo es uno de los misterios de Una noche en el museo 2. No sería extraño, conociendo la taimada filosofía del Hollywood actual, que los reserven para completar la trilogía. Contrario a esto, la película desperdicia dos grandes comediantes como Christopher Guest y el francés Alain Chabat, limitándolos a un Iván el Terrible injustificado y un Napoleón de receta, que con mayor peso en la historia (vaya paradoja) nunca terminan de resultar graciosos y son apenas utilitarios. Lo peor es el suicidio ideológico que comete la película abusando de la figura de Abe Lincoln. Presentado como el hombre que encarna los ideales norteamericanos más nobles, llama la atención que su gran aporte sea la maquiavélica sentencia “Divide y reinarás”, poco apropiada en boca de este prócer. En fin, toda herramienta es útil para ir formando a los George Bush del futuro.
Por Juan Pablo Cinelli
Hace tres años, el estreno de Una noche en el museo dejó como resultado una comedia desvaída, una verdadera fiesta de efectos especiales y una recaudación de taquilla que cuadruplicó en todo el mundo los 120 millones invertidos en la producción.
De la mano del mismo equipo que llevó adelante la primera parte (otra vez con el opaco reali ... Leer más Hace tres años, el estreno de Una noche en el museo dejó como resultado una comedia desvaída, una verdadera fiesta de efectos especiales y una recaudación de taquilla que cuadruplicó en todo el mundo los 120 millones invertidos en la producción.
De la mano del mismo equipo que llevó adelante la primera parte (otra vez con el opaco realizador Shawn Levy a la cabeza) llega esta inevitable secuela, en la que Ben Stiller retoma a la fuerza su papel de vigilador nocturno del Museo de Historia Natural de Nueva York.
El antiguo perdedor es ahora un exitoso empresario que promociona los artículos para el hogar de su invención en infomerciales televisivos, hasta que la amenaza de una remodelación que pondrá para siempre en los archivos del Instituto Smithsoniano de Washington a las entrañables criaturas que cobraban vida cada noche ante sus ojos coloca a Larry Daley (Stiller) en la encrucijada de un regreso al pasado en más de un sentido.
La meta es la conquista de unas antiguas tablas que obran el milagro de revivir a los objetos, ahora duplicados porque resultan dos los museos envueltos en el enredo. Con lo que la confusión aumenta, porque la película persevera en el mismo error de la primera parte: revivir a toda clase de bichos y personajes de carne y hueso (ahora en su mayoría extraídos de la historia) casi sin espesor dramático, con la única excusa de hacer un portentoso alarde de efectos visuales, capaces hasta de lograr que los Jonas Brothers se conviertan en alados querubines.
Ellos son las verdaderas estrellas de un film que se reduce a la transcripción recargada del original, con Stiller otra vez en piloto automático, tan lejos de sus mejores trabajos como sus desaprovechados compañeros de elenco, todos ellos comediantes dotados. La encantadora Amy Adams tiene en este sentido un poco más de suerte, pero su papel como heroína de aventuras (encarna aquí a Amelia Earhart) merecía un relato con más imaginación y osadía.
Marcelo Stiletano
Una Noche en el Museo 2
"Buena"
"VCasi diría que mejor que la primera, un guión con trama y no solo gags (que los hay). Lo mejor: Hank Azaria en el papel de faraón maligno, especialmente cuando ningunea al casacrrabias de los muppets y a Dark vader ("tenés problemas para respirar? porque no te entiendo nada" excelente."